Dolor de espalda: cuándo ir al fisioterapeuta

No existe una regla formal a través de la cuál puedan medirse los tiempos específicos en los que, al padecer algún tipo de dolencia relacionada con la espalda, debamos decidir que ha llegado el momento de visitar a un profesional de la fisioterapia.

 

De hecho, según manifiestan los propios especialistas, la generalidad evoca una cierta apatía, si acaso recelo, en probar una solución alternativa al mero reposo en casa. Sin embargo, es importante, incluso a modo preventivo, que si arrastramos alguna molestia tanto lumbar como cervical o dorsal nos pasemos por una consulta para pedir la opinión de los fisioterapeutas.

Tratamientos en la fisioterapia

Dependiendo de la tipología de caso que presentemos, existen numerosos tratamientos que un fisioterapeuta puede emplear para paliar dolencias en la espalda. Si alguna vez hemos visitado la consulta de un profesional en la materia, sabemos que existen dos métodos totalmente diferentes que, dependiendo de la lesión, pueden incluso combinarse entre sí. Son los modelos conocidos como fisioterapia pasiva y fisioterapia activa.

En los casos en los que presentemos un dolor agudo localizado, el especialista puede optar por focalizar su tarea en una disminución de las molestias a través de la fisioterapia pasiva, que resulta especialmente útil en los casos de patologías lumbares. Para el uso de estas técnicas no es necesaria la colaboración activa del paciente, de ahí su nombre, y pueden materializarse a través de ondas sonoras aplicadas a la piel como los ultrasonidos, estimulación eléctrica como la electroterapia o los llamados paquetes de calor o hielo indicados para aminorar las inflamaciones y los espasmos musculares.

Por otro lado, los profesionales de la materia pueden intentar rehabilitar las zonas doloridas a través de técnicas de fisioterapia activa que dispongan la ejercitación física y el fortalecimiento progresivo de los músculos como tarea principal. Este modelo, al contar con la participación voluntaria del paciente en el proceso de rehabilitación, incluye un programa de ejercicios de estiramiento, ejercicios de fortalecimiento y un acondicionamiento aeróbico moderado como pueda ser caminar o nadar unas tres veces a la semana.